Washington.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un decreto de amplio alcance que ordena a las farmacéuticas reducir los precios de los medicamentos en el país, con el objetivo de alinearlos con los costos que pagan otras naciones, una medida que, según expertos, enfrenta serios desafíos legales y prácticos para su implementación.
El decreto establece que las empresas tendrán 30 días para atender objetivos de reducción de precios, y si en seis meses no se observan avances significativos, el gobierno tomará acciones adicionales para forzar la baja de precios.
Durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, Trump afirmó que, de no cumplirse estas metas, impondría aranceles a las farmacéuticas y presionaría a los gobiernos extranjeros para que igualen los precios con los de Estados Unidos. El mandatario señaló que busca reducciones de entre 59 y 90 por ciento en ciertos fármacos.
El presidente arremetió particularmente contra la Unión Europea (UE), acusando a los gobiernos del bloque de forzar a las compañías a bajar sus precios en perjuicio del mercado estadounidense. Advirtió que si la UE se niega a pagar más por los medicamentos, su gobierno podría bloquear las importaciones de automóviles europeos.
Trump señaló que, a diferencia de Europa, los programas de salud respaldados por el gobierno estadounidense no pueden negociar directamente los precios con las farmacéuticas, lo que ha llevado a un encarecimiento de los medicamentos en Estados Unidos.
Por ello, la Casa Blanca pretende invocar la cláusula de nación más favorecida, lo que obligaría a las compañías farmacéuticas a ofrecer en EE.UU. los precios más bajos disponibles en otros países.
Analistas jurídicos advierten que esta estrategia podría enfrentar retos constitucionales y resistencia tanto de la industria farmacéutica como de socios comerciales internacionales, lo que podría abrir nuevos frentes de tensión en la política comercial del país.







